Los verdaderos maestros de la Biodesprogramación

Los verdaderos maestros de la Biodesprogramación

Para los estudiantes que comienzan en el entrenamiento de la Biodesprogramación, no siempre resulta sencillo distinguir el oro… del moro. Polvo y paja van frecuentemente de la mano y separarlos es no sólo un arduo trabajo, sino un asunto casi imposible si uno no cuenta con algunas coordenadas elementales para analizar a alguien y mucho menos en un asunto que ignora frecuentemente por completo. El tema no es Baladí en un mundo que está lleno de falsarios, chapuzas, mequetrefes, abusones y mentirosos dispuestos a aprovecharse de la ignorancia del personal.

No son menos , ni tienen menos culpa, los que basan su engaño a los demás en su auto-engaño y que andan por ahí convencidos de ser la reencarnación de algún ser iluminado.

¿Cómo saber si alguien es o no un verdadero maestro de la Biodesprogramación?

Algunos inicios para valorar el verdadero nivel y maestría en una persona son sencillos de descubrir para cualquiera, otros no tanto. Entre los primeros destacan los que se caracterizan por actuar en negativo, es decir, son aquella serie de cosas que un verdadero maestro nunca haría ni diría y que trataré de desarrollar en este texto.

No hace falta tener ningún conocimiento especial para eliminar de tu lista a cualquiera que actúe de tal manera. Los que por el contrario requieren de una experiencia importante en el terreno técnico y filosófico, y serán de poca utilidad a un estudiante a la hora de seleccionar y reconocer a un verdadero maestro en Biodescodificación.

Hay sin embargo una serie de valores y características coincidente en todos aquellos dignos de tal designación y que he podido confirmar ampliamente, de entre los expertos que he conocido a lo largo de unos cuantos años cómo estudiante primero y docente después. Deseo que mi experiencia pueda servir a quién honestamente desea saber con quién se juega los cuartos, en un tema que sin duda ocupará mucho tiempo y energía en su vida, del que podrá obtener mucho, si ha sabido acudir al sitio adecuado.

Desde luego la humildad es una de estas características que todo gran maestro posee. ¡Y ojo! No es que no tengan ego. Para llegar a ser maestro de cualquier cosa hay que tenerlo ¡ya lo creo! ¡y preferentemente enorme! La persistencia y enconamiento del que pretende la perfección no solo esconden su gran motor, sus deficiencias, sino su inseparable contra-parte, su sombra, sus excesos y pretensión que le espolean en la ascensión para llegar al fin que otros no alcanzan. Lo que ocurre es que en su evolución y en su práctica han sabido pulirse de tal forma que el ego está empequeñecido, ya no molesta a nadie, ni a si mismo, ni a los demás.

La humildad, condición para cualquier maestro que lo sea, demuestra dos cosas. La primera: que uno sabe lo bastante para saber que sabe muy poco y que por mucho que llegara a saber sería siempre nada en comparación con el volumen de su ignorancia. La segunda: que uno no tiene que demostrar nada fuera, convencer a nadie de nada, porque posee la serenidad y la firmeza interior que han acabado con la inicial incertidumbre que devora al hombre común.

En consecuencia si alguien va por ahí echándose flores así mismo, no es un verdadero gran maestro en Biodescodificación. Sean cuales fueren las habilidades adquiridas en su entrenamiento, estas nunca sustituirán el logro enorme que subyace tras la humildad. Cuando alguien se elogia a si mismo se degrada y descalifica a los ojos del mundo, incluso en el mundo de los tontos, que no son pocos por desgracia. Hasta el mismo gran Julio Cesar, del que no cabe duda era propietario de un fenomenal ego, todo sea dicho, bien sostenido por muy excepcionales logros, tuvo el pudor de hablar de si mismo en tercera persona…

Por otra parte los verdaderos maestros de la Biodesprogramación, no hablan mal de nadie. No. No es que sean santos o autistas; si les pides una opinión sobre algo o alguien, te la darán y ésta será sin duda, sincera, pero se abstienen de opinar de motu propio sobre otras personas. Actúan así, no porque se hayan auto impuesto tal costumbre, sino porque no andan por ahí juzgando al prójimo y mucho menos haciéndolos de menos, en conclusión, claro está, quedar ellos por encima.

Los grandes maestros suelen apreciar lo positivo en los demás, pues comprenden el valor único e irrepetible de cada ser y es frecuente que sea en ello en lo que se enfoquen de forma natural. De esta forma actúan naturalmente de forma constructiva, aportando pinceladas cariñosas y espontáneas en el cuadro que cada uno pintamos en nuestra existencia. Sus sugerencia abren puertas inusitadas en las vidas de otros, porque valoran el conjunto y porque viven naturalmente en un constante estado de creatividad más allá de los moldes formales.

Al haber llegado a la raíz de cualquier cosa, uno comprenderá necesariamente el origen común de todos los seres; tal vez por ello un gran maestro reconoce la virtud de la diferencia y comprende el sitio que cada cosa tiene en la viña del señor, absteniéndose del exclusivismo que caracteriza al fanático, incapaz de ver el cielo más que por el brocal del agujero en el que anda metido.

Pero la manga ancha de un verdadero maestro en Biodesprogramación es amplitud de miras y en modo alguno falta de rigor. Muy al contrario, la maestría trae consigo  meridiana exactitud y certeza práctica, falta de miedo y economía total. Esta combinación es la que le permite ser fluido y lo fluido ni se obsesiona ni se atasca en pequeñez alguna, sea esta formal o personal.

Un maestro está seguro de si mismo y lo que representa, por eso no necesita que lo aplaudan ni que lo adoren, por lo que nunca se encumbrará a si mismo, ni se colocará más alto que los demás. Sabe que es mucho más lo que nos iguala, que lo que nos distingue, porque posee una visión más amplia y generosa. La autoridad que emana de un maestro es natural y sencilla, nunca artificial o engolada. No es el hábito al que hace al monje, sino su vida. Por ello, un gran maestro enseña con su ejemplo, pues sabe con certeza que es lo único que deja auténtica huella en los demás, lo único no invasivo y verdaderamente respetuoso con el mundo.

Todo el que ande pavoneándose de sus conquistas o logros no puede ser considerado un gran maestro. Para llegar a la maestría se debe superar el nivel formal de la técnica o el método y habiéndola conquistado prescindir de ellas. Hay niveles en este camino y ningún cuento expresa mejor en mi opinión mejor este escalafón que el de los gatos cazadores y el ratón invencible del libro”El arte de la guerra” que todo amante de las artes marciales habrá leído.

“La prueba más clara de la sabiduría es una alegría continua”

Michel de Montaigne

Shoken, un experto en el arte de la espada era molestado por un gran ratón que no le dejaba dormir, invitó a los mejores gatos de los alrededores y su casa se transformó en campo de batalla. El resultado siempre era el mismo: Los gatos, aterrados por los ataques del ratón, terminaban por huir maullando.

Shoken decidió matar él mismo al ratón. Le atacó con su sable, pero el ratón esquivaba todos los golpes. Reforzó sus embestidas, pero el ratón era intocable. Bañado con sudor, terminó por renunciar. Un día oyó hablar de un gato que tenía fama de ser el mejor cazador de ratones de la provincia. Cuando Shoken le vio, perdió todas las esperanzas; era negro, viejo y tenía un aspecto lamentable; pero como no tenía nada que perder, le llevo a su habitación. El gato entró lentamente, como si no sucediera nada y se tumbó. El ratón, confiado se acercó y al verlo, empezó a dudar; se acercó aun más, ligeramente asustado. El gato lo atrapó y lo sacó de la habitación.

Esa misma noche los gatos que habían participado en la caza contra el ratón se reunieron en la casa de Shoken e invitaron al gato anciano a presidir la asamblea sobre el arte de la caza. Un gato de los tejados dijo: ” Yo soy el más fuerte porque tengo muchas técnicas para atrapar ratones”; mis garras y mis saltos son potentes y tengo muchas artimañas, pero ese ratón no era como los otros”. El gato negro declaró: “La técnica y la fuerza no son suficientes para ganar, ni son la meta del arte”. Luego habló un gato atigrado: “Yo entreno siempre mi ki y mi respiración. Me alimento de sopa, legumbres y arroz, por eso mi actividad es fuerte. Pero no he podido vencer a ese ratón. ¿Por qué?”. El viejo gato respondió “tu actividad y tu ki son fuertes, pero eres más débil que ese ratón. Si estás apegado a tu ki, se convierte en una fuerza vacía. Si tu ki es demasiado rápido y breve, solo eres apasionado; aunque tienes mucho ki, eres débil porque confías demasiado en ti mismo”.

Después habló un gato gris. No era fuerte, sino inteligente. Había superado las técnicas, pero aun tenía metas y espíritu de provecho y también había tenido que huir. El gato negro le dijo: “Eres muy inteligente y fuerte, pero no has podido vencer porque tenías una meta y la intuición del ratón era más fuerte. No has sabido unificar tu fuerza, tu técnica y tu consciencia activa”. Yo, en un solo instante he utilizado estas tres facultades de forma inconsciente, natural y automática. De esta manera he podido matar al ratón.

Pero continuó, en un pueblo vecino conozco a un gato aun más fuerte que yo. Es muy viejo y sus pelos son grises. No parece muy fuerte. Duerme todo el día. No come carne, ni pescado, solamente sopa de arroz… y algunas veces un poco se sake. Nunca a atrapado un solo ratón, porque todos le tienen miedo y huyen de su presencia. Un día entró en una casa que estaba llena de ratones. Todos huyeron rápidamente y cambiaron de casa. Este gato podía cazarlos hasta durmiendo. Este gato gris es realmente muy misterioso.

Un verdadero maestro en Biodesprogramación es natural y sencillo en su complejidad, pero sobre todo, es siempre un tipo feliz. Y por seguir con gatos, como decía gato pérez en su canción: “El que no tiene felicidad, ni es sabio… ni es na”.

Esta es mi humilde opinión y experiencia en las distintas escuelas por las que he transitado, en todas he aprendido y crecido, aunque en solo una he podido saber que no se na.

Juan José Albar

 

 

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